La navidad, una época de "reflexión" y amistad de amor y perdón; todos sentimos el deseo de expresar nuestros más íntimos pensamientos de solidaridad y felicidad.
Sería bonito encontrarse un año con un mes de diciembre sin la navidad, o por lo menos sin los compradores compulsivos que abarrotan las calles y los negocios citadinos. Y es que, solo pensar en la época navideña es sinónimo, para muchos, de hacer un gasto económico mayor al que se realiza normalmente (que no está del todo mal, para eso existe el aguinaldo), pero avalanzarse sobre las tiendas como personas desesperadas por efectuar las compras (a última hora) es sinónimo de demencia.
Además, el mundo del comercio se viste de gala y lanza sus rutinarias estrategias para las temporadas altas: los jóvenes ilusionados por obtener empleo son utilizados como el nuevo equipo de trabajo que será explotado con ardúas tareas a cambio de largas jornadas de trabajo, bajos salarios y sobretodo con pésimas condiciones laborales.
No sé si todos estaremos de acuerdo, pero pienso que el último mes del año es una tortura completa, desde el inicio hasta el final, las empresas ganan excesivamente mientras que nosotros gastamos excesivamente a cambio de cariño.