La ignorancia constituye, según mi criterio, una de las grandes injusticias individuales y sociales; los prejuicios van y vienen y la verdad brilla por su ausencia. Los ciudadanos tienden a seguir sus instintos sin siquiera observar el panorama de la situación que se presente o el contexto que la envuelve.
Ser víctimas de la ignorancia e incluso de la indiferencia social es un riesgo al que estamos expuestos constantemente, sobretodo si nuestra actitud dentro de la sociedad tiende a ser distinta o a veces contraria a la de la masa social.
Y es que, para verse involucrado en una situación como ésta, no es necesario presentar condiciones similares a cualquier otro caso de ignorancia; solo basta con ofrecer una opinión pública contraria a la tradicional y manipulada "voz del pueblo". E incluso podemos tomar como inicio la desobediencia a las órdenes de personas, organizaciones o entidades que ejercen su dominio sobre nosotros a través de los medios de comunicación. La persona que se rebele y omita el comportamiento sumiso hacia aquél que pretenda imponerle ideologías, moda, o cualquier otro tipo de represión psicológica o física; es considerada como un ciudadano que no existe más que para pagar impuestos.
El ejercicio de la ignorancia es la actitud que verdaderamente considero ilógica e incluso irreal -en mi mundo añorado claro está-, así como podemos ser víctimas de la aplicación de estas "neo-ideologías" podemos convertirnos en victimarios. Esto nos encaminaría a contradecir nuestras propias doctrinas y estimularía la adaptación de la ignorancia como elemento fundamental de nuestro sentido común.
Debemos evitar que la indiferencia callejera intente implantarse como la única solución a nuestros problemas sin sentido, creados únicamente para evadir la realidad que nos aqueja y así lograr que nuestros "defectos sociales" desaparezcan por medio de una autodestrucción.